
De Junín a la UBA: becas que cobijan, experiencias que transforman
Marcela Barrientos
Para emprender su aventura estudiantil, Pablo Fuentes recibió apoyo de diferentes organizaciones, y actualmente es parte de la comunidad de becarios Gregorio Álvarez. Estudia Diseño Industrial a 1.535 kilómetros de su ciudad natal. Desembarcó en Buenos Aires sin conocer la ciudad y se inscribió en la Universidad de Buenos Aires (UBA) con la convicción de gestar el futuro que apenas imaginaba posible.
Oriundo de Junín de los Andes, emprendió su camino con el impulso de una beca “que me ayudó bastante en lo económico para empezar una formación profesional que me permitiera salir de situaciones que había vivido y que no me gustaban”. Ese estímulo se sumó a las enseñanzas de su mamá Carolina que, junto a sus dos hermanas mayores, siempre les inculcó el estudio. “Hasta hoy lo sigo agradeciendo porque, aunque costó un montón que me venga para acá, fue la decisión correcta para mí”, remarcó.
Desde pequeño, Pablo es curioso, polifacético y extrovertido, pero incluso conservando estas características, le cuesta reconocer que llegó desde Junín sin dimensionar “cómo es Buenos Aires”.
Ahora está a un año de recibirse, y entiende que en esta experiencia que incluye formarse, vivir lejos, extrañar “uno se va transformando: desde la manera en que habla, hasta cómo comunicar; todo es muy valioso”.
Pablo asegura que el apoyo económico “es una ayuda importante porque estar lejos de casa muchas veces se complica; implica no comer bien, pasar sueño, pasar hambre. Y en mi caso mi familia no puede darme una mano, por eso la beca es importante, ayuda a comprar materiales, libros, fotocopias, impresiones, la beca me ayuda un montón. Además, este año a las y los becarios nos entregaron computadoras. Como estudiante de Diseño Industrial me sirvió para poder usar los programas pesados de renderizado y de animación”.
El programa del Gobierno neuquino implica también “que alguien te reconozca y te diga ‘vamos a apostar en vos porque sabemos que tenés el talento, las ganas y la capacidad de encarar un proyecto’ como el de estudiar”. Talento y ganas que, junto con su grupo de estudio, plasmaron en el proyecto previo a la tesis de grado, diseñando una máquina ensambladora de cajones de madera.
Con el mismo espíritu que impulsan las Becas Gregorio Álvarez, Pablo quiere con su formación “mejorar la calidad de vida de las personas, y en el día a día de la cursada lo vas aprendiendo”. “Cuando me reciba, quiero llevar lo aprendido para Neuquén y ver qué se puede hacer con la comunidad en Junín de los Andes”, finalizó.


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